Yatrogenia
A veces le llaman yatrogenia pero en realidad lo que le pasó
a este hombre(que llamaremos, de forma fictica,
Juan) fue una gran putada.
Durante una mañana de trabajo me dijeron que tenía que ir a por un paciente a la planta de dermatología, una psicosis corticoidea en un hombre que tenía un pénfigo. La cosa más rara del mundo, pensé, en aquel entonces no sabía que carajo era un pénfigo y acerca de la psicosis corticoidea solo sabía cosas a nivel teórico.
Casi el 100% de nuestros pacientes son locos pata negra y hay que recogerlos de urgencias. Este llevaba 2 semanas en una planta normal y según me contaron (y luego yo mismo dí fe) estaba como unas “auténticas maracas de machín”.
Aún no puedo entender como ese hombre pudo estar 2 semanas en una planta abierta, sin escaparse ni hacer ningún desastre.
Cuando por fin lo conseguimos bajar - precisó llamar a la psiquiatra, un celador, la colaboración de su mujer, yo, y mucha pero que mucha paciencia- apenas duró “libre” 3 horas.
Después fuimos profundizando en el caso, el pénfigo es una enfermedad de la piel en la que el paciente puede llegar a quedarse sin nada de piel. Eso, teniendo en cuenta que la piel es nuestra primera barrera ante la infección y lo que nos separa del medio externo puede conllevar un riesgo vital. Y su pénfigo era, en palabras del mejor dermatólogo del hospital, uno de los más fuertes que había visto. Resultado: corticoides a altas dosis. A dosis astronómicas. Una de los posibles efectos adversos de los corticoides son los trastornos mentales. Y al pobre Juan le tocó. Y le tocó bien.
No he visto, en mis 3 años de trabajar en psiquiatría, un tipo igual. Y entre mis compañeros y psiquiatras, gente con más años de experiencia, tampoco habían conocido caso parecido. La manía, la gran manía, es un estado tan difícil de explicar con palabras, es para verlo. Es a grandes rasgos un estado de hiperactividad, euforia, sensación de gran poder, muchos de ellos se sienten, de forma delirante incluso como Jesucristo o ideas de ser elegido para salvar el mundo similares. Con un pensamiento acelerado, cambiando de tema continuamente, quieren y protegen a todo el mundo. Muchos hombres de negocios son Bipolares. Y si se mantienen sin estar muy agudos, la verdad es que pueden llevar una vida muy buena. Pero cuando están agudos no comen, no duermen, y así se pueden pegar días, incluso semanas.¡Qué forma de sufrir! Sobre todo en la familia, los padres y la esposa del paciente.
Estuvo contencionado 3 semanas. Maníaco, sintiéndose por encima de todo, hasta el punto de beberse su orina, comerse su mierda, morderse los dedos mientras gritaba de dolor y más gritaba y mas se mordía, morder y pegar a cualquiera que se le acercara, arrancarse la sonda, la vía, comerse los botones de la camisa, solo decía “corticoides, cortisona”, “el pacto, hicimos un pacto”, “se lo ví en la mirada”… Así durante 3 semanas, así tras trallas y trallas de medicación. Cuanto más pasaba el tiempo más nos mirábamos entre nosotros alucinando con la gravedad del caso.
No es por colgarme ninguna medalla pero yo insistía en la descontención, y tras algún que otro intento frustrado por compañeros que siguen “otra línea terapéutica”. Era impresionante verlo caminando por la unidad, con los músculos atrofiados, medio deprimido ya, asustadizo después de ser un auténtico titán. Era, y es, un padre de familia, carpintero de profesión, de pueblo.
Tras eso, fue mejorando muy poco a poco, hasta que se le dio un alta prematura porque la familia, y sobre todo la mujer, empezaba a estar francamente deprimida y desbordada.
Era un hombre normal, sin ningún antecedente psiquiátrico que tuvo la mala suerte de convertirse, por un efecto adverso de un medicamento, en uno de los mayores locos que la unidad había visto jamás.
telebasura, pero siguen la misma senda. Creo que era la noria, o el ventilador,