La imagen de un piso casi vacío, cajas
de cartón, gente que entra y que sale, estanterías vacías donde solo queda una
foto, recuerdos, resacas, llantos y alegrías. Vengo del piso que fue mi hogar
hasta hace unos meses y está desangelado. Llevo con la broma de la frasecita
que da titulo a este post desde hace meses, pero es cierto: acabaremos con
lágrimas en los ojos, y ya queda menos.
La historia que hoy acaba empezó,
sin saberlo, hace unos años. La historia de tres extraños que acabaron siendo
íntimos. Cada uno llegó a esta isla por una causa, y por azar, unimos nuestras
vidas, y ahora se vuelven a separar. (incluso, y haciendo una excepción, hoy
daré nuestros nombres):
Fabi, llegó aquí intentando
recuperar el amor y por la obligación de elegir destino: al acabar la academia
militar escogió esta isla para trabajar. Había salido varios años con un chico canario,
y con las idas y las venidas de la vida, no tenían demasiado claro si seguían o no. El
valor de una enfermera militar la arrastró para llenar el coche de bártulos y
embarcarse en Cádiz en el ferry JJSister de Transmediterránea para llegar hasta
aquí.
Tensi, acabó la carrera de
enfermería y estuvo 1 año en el paro.
Sus amigos le insistían una y otra vez en que aquí había mucho trabajo hasta
que se convenció y se vino.
Yo, estaba hasta las narices de
trabajar en medicina interna, y vivir con mis padres, asfixiado por la rutina y
la rigidez; y con una plaza para hacer una especialidad de salud mental me vine
a la aventura. A un archipiélago desconocido pero con buena fama, lo dejé todo
atrás con el sueño de mejorar laboralmente. Luego ví que eso no era del todo cierto,
pero esa es otra historia, y puede que otro post.
Ellas ya se conocían de la carrera,
pero apenas hablaban, solo fueron compañeras de clase; al llegar a la isla se
hicieron amigas íntimas al verse compartiendo piso. Yo me uniría a ellas un año
después.
Estuve compartiendo piso con otra
gente al principio. Fue un poco desastre, pero a veces uno sólo puede arrimarse
a lo único conocido, aunque sea pésimo y casi desconocido (la gente también
viene en diferentes gamas y calidades, pero esa es otra historia, y puede que
otro post). No daré muchos detalles, sólo diré que buscando piso (una vez que
el cachondeo dio paso a la espantá de mis antiguos compañeros) las encontré. Recuerdo
el encuentro: llamé por teléfono a un anuncio de “se busca chica para compartir
piso”. “No soy chica, pero puedo intentarlo”. Quedamos, ví el piso: me encantó;
la sencillez de ellas era mosqueante, ni siquiera me pidieron fianza. Al poco
tiempo conocí a sus amigos, una familia.
En pocos días éramos una comuna, convivíamos y
éramos como los mosqueteros (todos para uno y uno para todos, incluso esos
fueron nuestros disfraces); compartimos amigos, nos cuidabamos cuando estabamos
enfermos, nos confesabamos nuestros miedos y angustias. Nos emborrachamos en
carnaval, fuimos de acampada...
Todo son recuerdos, fotos, fiestas,
borracheras, alegrías y llantos, la vida. Han pasado 3 años desde que estoy
aquí.
Ahora Fabi vuelve a la academia, a
su amado Madrid y tras 3 meses dios dirá el siguiente destino: un barco, otra
isla, un cuartel enorme.
Tensi se queda en la isla, por el
momento, con su gracia, su arte, su simpatía; tiene 1 contrato de un año y vive
con un chico que conoce desde hace mucho tiempo.
Yo, de nuevo, regreso a Granada, a hacerme matrón,
a separarme de mi novia, a perder la cabeza y lo que me ha costado mucho tiempo
conseguir. Pero con la corazonada de que es lo único que puedo y que debo
hacer. Con la certeza de que estoy persiguiendo mi destino
El día que
hagamos la mudanza y que saquemos las cosas será como el último capítulo de
friends. Tan triste y a la vez tan bonito, que hayamos hecho de una casualidad
una familia.
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