Ética y enfermería en salud mental (y IX De Locos)
Uno estudia enfermería porque le gusta ayudar a la gente. Ayudar y además se considera que tiene mas aguante que otros en las mismas circunstancias (olores, heridas desagradables, presión, muertos) y que debe hacer eso. Se siente “llamado”. Hablo a título personal (como siempre).
Haces la carrera y empiezas a trabajar. Te quedas con ganas de hablar mas con el paciente, de llegar a entender de verdad que quiere decir, que siente. Piensas que trabajar en psiquiatría puede ser el camino.
Lo haces.
Y entonces chocan tantas cosas, la ética se ve dándote golpes en la cabeza a cada minuto, a cada turno. ¿Por que creéis que se sale con esa tremenda cefalea del hospital tras cada turno? Es la ética.
Una unidad de agudos de psiquiatría es una cárcel casi en todos los sentidos. Y un enfermero de psiquiatría es un carcelero en casi todos los sentidos. De hecho, históricamente, procedemos de los carceleros de la época de Pinel.
Un carcelero sin porra, sin argumentos, con mas herramienta que la palabra, la medicación, y las contenciones en la cama.
Una cárcel de mediana seguridad y extrema vigilancia, vigilancia hasta el punto de escuchar todas sus conversaciones telefónicas, con otros pacientes, vigilarlos cuando están en el baño o en su habitación, comentar a sus familiares o psiquiatras cosas que te han dicho como su “gran secreto”.
Nosotros hacemos valer las normas de la unidad, y velamos por los derechos de los pacientes. Nosotros “castigamos” sin salir de la habitación, con comer fuera del comedor, incluso con llegar a contencionar. Lo hacemos y luego avisamos al médico que siempre (casi) dice que sí porque confía en nosotros.
Pero todos no somos igual de responsables..
Cada actuación punitiva, te supone una crisis ética (al menos a mi) y a veces el paciente te explica que no es para tanto (y tiene razón) pero normas son normas y mi trabajo aquí es ese. Si nos paramos a pensar todo es relativo y disculpable (intentos de fuga y agresiones han pasado sin ningún castigo posterior, y otras veces por la mínima el paciente acaba 72horas en contención, son órdenes médicas, es parte de un tratamiento, pero parece un simple castigo, un abuso de poder, y además todo depende del que le toca ser juez en ese momento, y se puede seguir hablando y nunca zanjaríamos nada en este tema...).
El caso más flagrante que he tenido (y más dañino a cualquier persona HUMANA) fue un paciente que no paraba de decirnos que le dejáramos llamar a la policía local de su pueblo (gran porcentaje llegan custodiados por la policía), que tenían las llaves de su casa, y se había quedado abierta. Una petición típica del loco es llamar a la policía. Y siempre se le niega. Cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que era verdad y lo habían desvalijado. Me sentí como un gran hijodeputa al ser participe de aquel atropello. Nos dimos cuenta un mes después del ingreso, cuando el paciente estaba mejor y “se le hizo caso”.
Custodias pertenencias a los pacientes que compañeros tuyos roban (hablamos desde dinero a ropa interior, maquillaje…) y tienes que obligarles a que te den las pertenencias porque son las normas (sabiendo que la probabilidad de robo es alta). Y te sientes tonto, malo y marioneta de un sistema sin pies ni cabeza.
Otras veces contencionas tras una pelea entre pacientes ante la cual deberías haber mediado antes: siempre hay un débil y un oprimido, y un opresor y aprovechón.
En ocasiones tienes que contencionar porque un paciente no respeta un castigo que le ha impuesto un compañero tuyo mucho mas duro que tu (castigo que no compartes pero corporativismo o si no mal rollito).
Y lo peor es cuando ves que alguien no debe estar ingresado y por presiones familiares lo dejan. Pacientes que son psiquiátricos pero que no están agudos en ese momento, o lo que es peor, personas normales que viven con madres sobreprotectoras y muy antiguas, con gran poder de convicción ante los psiquiatras. Te dan ganas de ponerte a llorar con ellos. Afortunadamente son casos mínimos, pero te sientes (y realmente es así) cómplice de un secuestro.
Mis compañeros me achacaban que siempre estaba cuestionándome estas cosas. Por fin me he librado de ese pesado lastre, pero me queda el mosqueo de lo irreflexivos que puedan llegar a ser los futuros trabajadores psiquiátricos y las injusticias que pueden llegar a sufrir.
Con este post doy por concluida la serie "De Locos" haciendo una metáfora con mi vida y concluyendo también las extensas y continuas referencias a lo que ha sido mi pan, mi ilusión y también mi dolor durante 3 años.
Mmm, podría decir muchas cosas...
La única ocasión en la que estuve ingresada en una planta de agudos me trataron como si fuese gilipollas (con perdón). La impotencia era mayúscula. Les explicaba, por ejemplo, que debía avisar en mi trabajo que no iba a ir. Me miraban ladeando la cabeza y me decían muy muy despacio (por si no les entendía?: "hoy es domingo, los domingos no se trabaja..." En mi interior pensaba: y qué haces tú aquí, pringao!. Tuve que poner como excusa avisar a mi familia que estaba ingresada para acceder a un teléfono y avisar de que ese domingo no podía ir a trabajar.
Fue una semana penosa, sólo amenizada por la presencia de un "generoso" celador con el que finalmente me lié (ya fuera y un año más tarde... aunque esto es otra historia).
Los abusos de autoridad son múltiples. Los abusos en general. El pasotismo de los médicos impresionante. Pocas palabras amables del equipo.
Una cárcel, sí. Barrotes y ventanas que sólo se abrían un palmo (lo que contrastaba con los múltiples mecheros que circulaban por allí con consentimiento del personal...) y un pasillo para caminar. Nada más. Habitaciones descoloridas y paredes que se caían por la humedad, camas viejas que chirrían...
El enfermo mental sigue siendo un paciente de segunda.
Es muy muy bestia.
By Patricia on 06/12,2008, at 20:38
Son pocos los pacientes que no estan muy mal, pero son algunos y me imagino el auténtico infierno que tienen que vivir. Me ponía en su piel y me quería morir. Si ya de por sí es dificil estar encarcelado, empastillado e incluso contencionado, imaginaos con "algunos". Y sé de uno de los enfermeros "malos" que ha estado varias veces ingresado por intentos autoliticos, y me parece flipante!
También estabamos los que intentabamos ser buenos
By perroandaluz on 06/12,2008, at 21:07
:) Lo sé. Aquí en Zaragoza he conocido a un@s cuant@s. En la planta de arriba de la Unidad está la planta de agudos y las enfermeras eran todas un cielo (coincidíamos con ellas en el jardín -otra cosa buena de este sitio- y venían a darnos la "recena"), exceptuando a un par de petardas, las excepciones.
Lo que está claro es que la estancia en un sitio así depende mucho del equipo que te encuentres (como cuando una asignatura te gusta más o menos en función del profe).
Los buenos sois una caña! :)
By Patricia, otra vez... on 06/12,2008, at 21:41
No tengo mucho mas que decir, Perroandaluz y Patricia, uno de cada lado ya lo han dejado clarito y corroboro todo lo expuesto. Lo se por que aún sin habler estado ingresada, lo ha estado mi hija muchas ocasiones durante 7 años.
"El enfermo mental sigue siendo un paciente de segunda." dice Patricia, yo diria que peor, en el siglo 21 sigue siendo un enfermo sin derechos y sin categoria.
By Mitelene on 06/14,2008, at 09:59