Sociedad y psiquiatria (VIII De Locos)


Vivimos en una sociedad muy diferente a la de nuestros abuelos y la de nuestros padres. El tipo de vida acelerado, la cultura del bienestar, del aquí y ahora, de la falta de límites, la casi inexistencia de castigos, el tener acceso a casi todo, etc ha configurado un tipo de formas de sentir y vivir, un modo de relacionarnos y un modo de afrontar los sucesos de la vida diaria. También, claro está, ha cambiado el perfil del paciente psiquiátrico.

Lo primero que te dicen los viejos cuando empiezas a trabajar en psiquiatría y surge la complicidad y la confianza es la típica frase: “Esto no es como era antes”. Y es cierto.

La medicación ha mejorado muchísimo, los derechos humanos ahora son también extensivo al paciente mental (y no es irónico, hasta hace bien poco se les consideraba animales, y se les tenía en jaulas en los manicomios, aún queda algún resquicio que mis ojos han visto: rejas, grilletes, correas de cuero); la sociedad malcría a sus hijos, les dice que tienen derecho a todo y no les obliga a casi nada. Sociedad que no sabe que las cosas conllevan un esfuerzo, que hay unas normas, y que no todo vale.

 

Con todo esto, voy a nombrar unos casos de forma sucinta, separados en caraduras y demandantes de atención:

 

Caraduras

-         N., varón, 26 años. Un paciente que ingresa para eludir la cárcel.  Al parecer es un chico con bastantes rasgos psicopáticos, que consume y trafica con droga, miente al psiquiatra para forzar un ingreso y librarse de la cárcel. Durante los más de 5 meses que está con nosotros hace de la unidad su reino: manipula, agrede a personal y pacientes, se intenta aprovechar de las muchachas. Muchos conflictos éticos para no abrirle la puerta y perderlo de vista. Siento decir que no era un enfermo sino un chorizo y un caradura. Puso a dos compañeros míos de baja por agredirlos a traición, fractura costal uno, fractura de metafalanges con intervención quirúrgica otro.

-         L, varón 17 años. Superdeportista, estaba fuerte como un toro, tenía una corpulencia digna de un boxeador, y la mano bastante suelta también. Era un comportamiento de niño caprichoso (rabietas y pucheros incluidos) en un cuerpo de sansón. Muy difícil manejo. Cuando no han educado nunca a un adolescente, cuesta dios y ayuda cualquier acatamiento de normas

-         A, varón 36 años. Era un caradura que le daba la vuelta a cualquier palabra, a cualquier pacto. Dijo que cada mes que estaba ingresado ahorraba 800 euros porque no se gastaba nada y que iba a estar ingresado 3 meses y así lo hizo. Lo malo era lo que revolucionaba el patio con sus amenazas, insultos, etc. Y conocía muy bien sus derechos, continuamente te los recordaba.

 

Demandantes de atención:

-         D, mujer, 60 años. Era un duelo patológico que ingresaba varias veces al año, todo lo relacionaba con su hijo muerto. Además era anoréxica. Era una mujer muy cabezona que tenía varias denuncias de los vecinos por ponerse a gritar por la noche y poner la música preferida de su hijo a todo volumen de madrugada. Por hacer eso y abrir las ventanas para que la escuchasen. Usaba claramente el hospital para llamar la atención.

-         J, mujer, 60 años. Al parecer quería llamar la atención a su familia porque la mujer había sido la típica mujer fuerte que había hecho todo sin pedir nada a cambio y ahora se acercaba el síndrome del nido vacío. Nos dijo que estaría 3 meses ingresada y solo empezó a mejorar días antes de que se cumpliera la fecha. Solo comía al día 1 vaso de leche, una sopa y unas natillas. Le poníamos sonda nasogástrica que ella siempre se arrancaba.

 

Hace años si alguien se quería matar no iba a pedir ayuda, se morían de pena y punto. Si alguien quería eludir la cárcel no se le hacía demasiado caso. Los caraduras eran tildados de eso mismo. Con esto no defiendo la situación de hace años pero sí que digo que la sociedad del bienestar ha conllevado alguna cosa negativa: la cultura del sufrimiento cero, y que todos los problemas se arreglan con pastillas o con médicos. Y eso no es del todo cierto. El sufrimiento debe seguir existiendo, no al nivel judeocristiano (Nietszche, Kierkegaard y otros).

 

Son ejemplos de pacientes que estaban en la frontera de tener que estar ingresados o no, y siempre nos dejaban desconcertados, y tremendamente quemados.

Leave a comment


Muy bien explicado y redactado. Está claro que la sociedad actual no tolera el dolor y el sufrimiento. Hay una pastilla para todo y un médico para todo. No es necesario utilizar recursos propios. De hecho pienso que la gente ya nace sin esa capacidad de ayudarse sólo. Es algo que irá desapareciendo con la evolución de la especie. Como la muela del juicio...
Saludos



¿Te lo has leido entero? Sí que tienes paciencia!!




Añadir comentario
 authimage